*Gaby L.C*

México es una de las principales potencias culturales del mundo, posee más de 300 mil sitios arqueológicos en todo el territorio, así como más de 120 mil monumentos y más de 150 mil espacios artísticos, esto de acuerdo con el Atlas de Infraestructura y Patrimonio Cultural de México. En el caso solo del Estado de México, contiene cinco monumentos históricos nombrados así por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y son:
El ex Convento de Acolman: Construido por la Orden de San Agustín a partir de 1539, el complejo arquitectónico luce por su fachada, considerada por los especialistas en historia del arte como la joya del plateresco en América. Tres tormentas provocaron que las aguas del lago de Texcoco y de la presa del Rey se desbordaran e inundaran el templo, dos de ellas en el siglo XVII y una más en el siglo XVIII, cuando el primer piso quedó cubierto de agua y lodo.
Históricamente, se le atribuye ser el lugar donde se originaron las posadas navideñas en México y la tradición artesanal de las piñatas. En su interior permanece un retablo dorado de estilo barroco salomónico, con pintura sobre madera del siglo XVI que presumiblemente pertenecía al retablo principal. Los retablos de la nave también son de estilo barroco y son tres: dos laterales y uno principal.

Capilla Abierta del Templo de Calimaya: Los franciscanos evangelizaron esta región, edificando un convento entre 1529 y 1594 conformado por el templo principal, una capilla abierta, baptisterio, Capilla de la Tercera Orden y un atrio con capillas posas. El espacio fue declarado Monumento por el INAH al combinar elementos europeos e indígenas en su hechura.
Destaca por sus cuatro arcos de medio punto asimétricos, elementos de arte tequitqui y una de las pilas bautismales más grandes de América Latina, tallada en cantera. Es uno de los pocos testimonios franciscanos del Valle de Toluca que conserva su estructura original, reflejando el sincretismo cultural del siglo XVI.

Museo Nacional del Virreinato en Tepotzotlán: Una sencilla casa donada por los vecinos del pueblo se convirtió, con el paso del tiempo, el apoyo de benefactores y recursos propios, en un complejo arquitectónico compuesto por cinco patios, una huerta, dos molinos, una hospedería y un templo.
Una joya del barroco novohispano con retablos recubiertos en hoja de oro de una riqueza visual impresionante. Alberga una de las colecciones más importantes de arte virreinal en el mundo, con piezas de platería, marfiles, textiles y pintura de grandes maestros como Cristóbal de Villalpando.

Capilla Abierta de Tlalmanalco: Fue construida por los franciscanos entre 1585 y 1591, fechas que aparecen en las dos portadas del templo. Muestra supervivencias del arte románico y bastantes restos del gótico.
Es un ejemplo sobresaliente de arte tequitqui o indocristiano, donde artesanos indígenas esculpieron motivos cristianos, a menudo mezclados con su propia cosmovisión, resultando en una rica iconografía. La capilla es una joya inigualable que combina la arquitectura plateresca europea con la destreza de la mano de obra indígena, sirviendo como un testigo del sincretismo cultural tras la conquista española.

Ex Convento de Oxtotipac: Edificado en la primera mitad del siglo XVI, sobresale principalmente por lo pequeño de sus dimensiones y está en Otumba. Conserva la pila bautismal de una sola pieza, la esbelta fuente de piedra al centro del patio y la cruz atrial con símbolos de la Pasión.
También es conocido como el “convento de los enanos” por la baja estatura de sus techos, escaleras y puertas, obligando a los visitantes a agacharse, lo cual pudo deberse a la pobreza franciscana o limitaciones de construcción. Iniciado alrededor de 1570, funcionaba como un lugar de paso o visita para los frailes, no de residencia permanente.

