*Eréndira Zavala C*

Por lo general, cuando se habla de tradiciones culturales en México, éstas se relacionan con las danzas folclóricas, los trajes regionales o las fiestas populares. No obstante, también existen expresiones artísticas que, aunque vinieron de Europa, forman parte de la historia cultural del país y de su patrimonio artístico.
Una de ellas es el ballet, llegado durante el siglo XIX, cuando las compañías de danza comenzaron a presentar espectáculos en los teatros de la capital mexicana. En esa época, la cultura de México tenía una muy importante influencia europea y el ballet era considerado una de las expresiones artísticas más refinadas en el mundo. De a poco, los bailarines mexicanos comenzaron a interesarse en el ballet y a adaptarlo a su propio contexto cultural.
En el siglo XX, comenzaron a surgir instituciones, escuelas y academias dedicadas a la formación profesional de bailarines, lo que permitió que el ballet dejara de ser solamente un espectáculo extranjero y se convirtiera en una práctica artística del talento mexicano.
Entre las instituciones más importantes se encuentra la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea, perteneciente al Instituto Nacional de Bellas Artes, que ha formado bailarines y consolidado al ballet como una destacada disciplina en México. La Compañía Nacional de Danza, fundada en 1963, considerada como una de las más importantes de América Latina, se ha dedicado a montajes que incluyen grandes clásicos, así como propuestas coreográficas locales.
La presentación anual de “El Cascanueces” es un ejemplo de cómo el ballet se ha convertido en una tradición que, cada temporada decembrina, es disfrutada por el público como parte de las celebraciones de fin de año.
Con el paso de los años, los coreógrafos mexicanos han comenzado a incorporar elementos de la cultura nacional en el ballet, mezclando música mexicana, referencias históricas o inspiraciones en tradiciones populares.
Hoy en día, el ballet es practicado por niñas, niños, jóvenes y adultos en academias, escuelas privadas y centros culturales, lo que ha promovido su reconocimiento como una práctica artística importante en la formación física, mental y emocional.
Aunque el ballet es originario de Europa, su presencia en México demuestra que las culturas pueden convivir y enlazarse, e incluso transformarse, con el tiempo. El ballet actualmente forma parte del arte nacional y se ha convertido en una tradición cultural que contribuye a mantener viva la danza, sea de donde sea.
