*Eréndira Zavala C*

En las costas del Pacífico, frente a las playas del estado de Nayarit, se encuentran las Islas Marietas, un conjunto de islas que, además de su belleza y riqueza natural, guardan una historia poco conocida.
Estas islas se formaron hace miles de años debido a la actividad volcánica en la zona, sus acantilados, cuevas y playas ocultas de aguas cristalinas son el resultado de los procesos naturales que modelaron su paisaje. Llegar a ellas resulta toda una experiencia que se vive al navegar en lancha, lo que permite disfrutar del mar abierto y, con un poco de suerte, observar delfines y mantarrayas, y dependiendo de la temporada, hasta pueden llegar a verse ballenas jorobadas.
Uno de los mayores atractivos de las islas es la Playa del Amor, una playa escondida dentro de una formación rocosa, y que para llegar a ella es necesario nadar a través de un pequeño túnel natural que desemboca en una imagen sacada de una postal con arena dorada, agua transparente y una vista al cielo que se asoma desde lo alto como si fuera una ventana.
La historia poco conocida es que este lugar fue también, en algún momento a principios del siglo XX, escenario de prácticas militares. El gobierno utilizó las islas como campo de entrenamiento y detonaciones, lo que modificó su estructura. Con el paso del tiempo, la naturaleza reclamó su espacio y hoy es un santuario ecológico protegido; esto último gracias al impulso del oceanógrafo Jacques Cousteau, quien, al conocerla, promovió su conservación, por lo que ahora su acceso es limitado y se promueve un turismo responsable.
Las Islas Marietas son reconocidas por su enorme biodiversidad ya que albergan una gran variedad de especies marinas y aves, como el bobo de patas azules, una especie poco común en México. Su visita permite hacer actividades como el snorkel y el buceo para admirar los peces de colores, tortugas, pulpos y, quizá mantarrayas e incluso tiburones, pues combina especies del Pacífico mexicano y del Golfo de California.
Las Islas Marietas son un recordatorio de cómo la naturaleza florece, a pesar del ser humano, cada rincón de las islas muestra que las tradiciones no solo están en la cultura sino también en los paisajes. Visitarlas es desconectarse de la rutina y conectarse con la naturaleza, una experiencia que, en lo personal, ha dejado recuerdos que perduran a pesar de los años.
