*Gaby L.C.*

Cada 1 de febrero se conmemora el Día Nacional del Ajolote, una fecha dedicada a visibilizar la relevancia ambiental, científica y cultural del ajolote mexicano (Ambystoma mexicanum), uno de los anfibios más emblemáticos del país; el objetivo es promover su conservación y concientizar sobre los riesgos que enfrenta en su hábitat natural.
Es conocido por su capacidad única de conservar características larvarias durante su vida adulta y por su extraordinaria capacidad regenerativa. Sin embargo, a pesar de su asombrosa biología, esta especie endémica de México enfrenta la amenaza crítica de la extinción. Su distribución se ha reducido, y actualmente solo se encuentra en los canales de Xochimilco en la Ciudad de México.
Además, es una especie endémica de México que ha despertado admiración desde tiempos ancestrales, tanto por sus características biológicas únicas como por su profunda conexión con la cosmovisión prehispánica y perteneciente a la familia de las salamandras, que puede medir entre 15 y 30 centímetros.
Sin embargo, sabías que ocupa un lugar especial en la mitología mexica; aquí está asociado con el dios Xólotl, deidad vinculada con la muerte, la transformación y el fuego. Según la tradición, Xólotl podía adoptar la forma de una salamandra para ocultarse, de ahí el origen del nombre axolotl. En náhuatl, atl significa agua, por lo que el término suele interpretarse como “perro de agua” o “monstruo de agua”, reforzando su carácter simbólico dentro de la identidad cultural mexicana.
Según la leyenda, cuando los dioses se sacrificaron para crear el Quinto Sol, Xólotl se negó y huyó, transformándose en maíz, maguey y otras formas, hasta que finalmente se refugió en el agua, convirtiéndose en el ajolote para escapar de su destino. Deidades como Huitzilopochtli, Xochipilli y Tezcatlipoca, entre otros, se arrojaron al fuego, sin embargo, Xólotl, el dios perro y gemelo de Quetzalcóatl no quería arder, aunque su inmolación era importante para dar movimiento a los astros y, así, concluir la invención del universo.

Tras ello, la leyenda narra que la primera forma que adoptó fue la de un guajolote, pero al verse amenazado por la cercanía del viento a quien se le ordenó buscarlo para acabar con él, se convirtió en maguey. Luego tomó la figura de un perro xoloitzcuintle, pero de nuevo fue rastreado, por lo que alteró su cuerpo para lucir como una planta de maíz.
A pesar de todas las transformaciones, Xólotl era localizado por el enviado de los dioses. Al no tener escapatoria, decidió arrojarse al lago convirtiéndose en un axolote, un pequeño anfibio con branquias en forma de cuernitos, las cuales le ayudaban a respirar dentro del agua. Así navegó durante días dentro del lago salvando su vida hasta que, finalmente, fue atrapado por el Viento.
Fue llevado de regreso a Teotihuacan para terminar el ritual y, con la primera gota de su sangre que cayó, los astros empezaron a moverse. Así, la creación del universo se daba por concluida. Ahora ya conoces la leyenda de este maravilloso ser, por lo que, recuerda que este anfibio alguna vez fue un dios que quiso huir del sacrificio.
El Día Nacional del Ajolote busca generar conciencia sobre la necesidad de proteger esta especie, considerada en peligro crítico de extinción, así como preservar los ecosistemas acuáticos que le dan vida. Su conservación representa también la defensa de una parte esencial del patrimonio natural y cultural de México.
