*Eréndira Zavala C*

Antes de que la tecnología apareciera e hiciera que los mensajes viajaran con solo un clic, las palabras escritas a mano tenían encanto, pues había que sentarse, tomar una hoja, pensar lo que se quería decir y comenzar a escribir… eran un regalo de tiempo y dedicación a quien se le enviaba.
En México, durante casi todo el siglo XX, las cartas formaron parte de la vida cotidiana, como un puente que unía a las familias separadas por la distancia. Éramos muchos a quienes nos emocionaba la llegada del cartero, pues, aunque sabíamos que traería noticias o saludos, la espera de la sorpresa era mayor; pues había que esperar días o semanas para recibir una respuesta.
En una época donde las llamadas telefónicas eran costosas y no estaban al alcance de todos, las cartas eran el único medio efectivo de comunicación y los enamorados fueron sus compañeros inseparables. En ellas se guardaban sentimientos, promesas y sueños, se convertían en tesoros de valor incalculable y se escondían en cajas de madera, cajones o entre las páginas de un libro.
Las cartas significaban memoria, recogían preocupaciones, costumbres, acontecimientos… el testimonio del tiempo. Durante siglos, la tradición de escribir cartas fue una de las principales formas de comunicación en el mundo, por ellas fue posible conocer ideas y emociones de personajes históricos, artistas, escritores, poetas, científicos e incluso personas comunes.
Las antiguas civilizaciones las utilizaron para gobernar, establecer alianzas, dictar leyes y transmitir conocimientos; exploradores, comerciantes y viajeros dejaron constancia de sus descubrimientos en cartas. En las guerras, las cartas eran la única manera de saber la situación de quienes estaban en el frente y de quienes los esperaban.
Quizá es por eso, que una carta tiene un valor difícil de comparar con los mensajes instantáneos actuales, dado que contiene la huella de quien la escribe como la inclinación de las letras, los errores corregidos a mano, las manchas o el tipo de papel.
Hoy día, la tradición se ha transformado y es posible enviar imágenes, audios y videos manteniendo un contacto constante casi en tiempo real. Y aunque escribir cartas aún se encuentra en proyectos escolares o coleccionistas, ya no ocupa el lugar que tenía anteriormente.
Tal vez valga la pena recuperar esa costumbre de vez en cuando, como un recordatorio de que las palabras en papel tienen la extraña capacidad de quedarse para siempre.
