*Gaby L.C*

El Pueblo Mágico de Metepec no es simplemente un destino de descanso; es un asentamiento milenario de origen otomí y matlatzinca cuyo nombre en náhuatl significa “En el Cerro de los Magueyes”. Este rincón mexiquense resguarda una identidad colectiva indisoluble de la alfarería, donde el sincretismo religioso y las leyendas prehispánicas permanecen vivos en sus plazas coloniales y en el pulso cotidiano de sus antiguos barrios. Visitarlo representa una inmersión profunda en la arquitectura sacra y la herencia del arte popular mexicano.
Sin embargo, el corazón de su legado habita en los talleres de linaje alfarero, donde grandes maestros dominan la compleja técnica del pastillaje para dar vida al Árbol de la Vida- Esta intrincada escultura de arcilla evolucionó de ser un instrumento de evangelización colonial (que narraba el Génesis bíblico) a convertirse en un lienzo contemporáneo local. Para comprender la dimensión de este oficio, el Museo del Barro resguarda colecciones galardonadas internacionalmente, que exhiben desde interpretaciones del origen del mundo hasta monumentales piezas policromadas de exhibición.
Pero también puedes visitar su Mercado de Artesanías, un espacio auténtico museo vivo y el epicentro del comercio cultural del municipio, donde los pasillos se inundan de tonalidades rojizas y policromadas. Aquí, los visitantes entran en contacto directo con los creadores para apreciar desde sutiles piezas utilitarias, macetas y vajillas tradicionales, hasta los monumentales e intrincados Árboles de la Vida.
También te guarda su paisaje urbano que narra el encuentro de dos mundos a través de monumentos coloniales. La joya arquitectónica del municipio es el Ex Convento de San Juan Bautista, edificado por la orden franciscana en el siglo XVI, cuya fachada cóncava de estilo barroco incorpora sutiles detalles decorativos moldeados en barro por manos indígenas. A unos pasos, a las faldas del cerro, la Iglesia del Calvario ofrece un ascenso ritual a través de escalinatas escalonadas que conectan la vida civil con el misticismo del Cerro de los Magueyes, un sitio sagrado de adoración desde tiempos precolombinos.


La memoria oral del pueblo se materializa en la Plaza Juárez a través de la icónica fuente de La Tlanchana. Esta escultura rinde homenaje a la mítica deidad prehispánica de las aguas —mitad mujer y mitad pez— que, según las leyendas coloniales, habitaba las zonas lacustres del Valle de Toluca y regía los ciclos de la pesca.
Este misticismo pagano se fusiona con la bohemia en el centenario Bar 2 de Abril, punto de reunión de intelectuales y artistas donde se resguarda la preparación de la “Garañona”, un elixir ritual de color verde elaborado celosamente con 14 hierbas aromáticas locales. A la par de este misticismo, la riqueza cultural se expresa en su cocina tradicional en el mercado local; aquí se resguarda el ritual del taco placero, que apila capas de chicharrón crujiente, carnitas, cecina, pápalo y nopales, ofreciendo un festín identitario único del Valle de Toluca.
Estas vacaciones son la oportunidad perfecta para que la ciudadanía redescubra la riqueza que define nuestra identidad nacional. Recorrer Metepec en este periodo de descanso es conectar con el legado de las manos mexiquenses, caminar entre templos del siglo XVI y escuchar las leyendas que aún susurran en sus plazas. No dejes pasar los días libres sin vivir esta inmersión cultural; date el tiempo de explorar sus calles, platicar con sus grandes maestros alfareros y llevarte a casa una pieza de su historia.
