*Gaby L.C*

Este 28 de agosto, el Día del Abuelo inunda los hogares de música, abrazos y un profundo agradecimiento. En el país, los abuelos no son solo una cifra demográfica, son el pilar de la identidad, los guardianes de las recetas secretas, los contadores de historias antes de dormir y el abrazo más cálido que une a las generaciones. México hoy celebra en grande a esos seres que, con sus hilos de plata y su sabiduría, guían el andar de hijos y nietos.
El festejo en México es una vibrante, donde la música de mariachi, las comidas familiares y las risas enmarcan el homenaje que se rinde a los jefes y jefas de familia. La figura del abuelo y de la abuela posee un misticismo especial en nuestras tradiciones, pues actúan como el pegamento emocional que mantiene unidos a los linajes, heredando valores, tradiciones orales y un arraigo cultural que define quiénes somos.
Desde 1983 en México se instauró el 28 de agosto como el Día de los Abuelos, esto con el fin de reconocer su trabajo y sabiduría, pero sobre todo para enaltecer el éxito de la vejez y el legado de sus deseos. Una de las historias más populares atribuye el impulso de la fecha al locutor chihuahuense Édgar Fernando Gaytán Monzón, quien lo promovía a través de su programa de radio “La Hora Azul“, dedicado a recordar la música de antaño para los adultos mayores.
Esta fecha es la excusa perfecta para consentirlos, escuchar sus anécdotas por milésima vez con la misma emoción de la primera, y asegurarles el lugar de honor que legítimamente se han ganado en la mesa y en el corazón de la sociedad. Festejar hoy a la población mayor en pleno siglo XXI nos invita a celebrar la vida en toda su plenitud. Al honrar a nuestros abuelitos, celebramos también la oportunidad de construir comunidades más unidas, donde sus pasos lentos pero firmes guíen el rumbo de las nuevas juventudes.
La celebración coincide con un momento histórico único: los hogares mexicanos albergan hoy a más de 17.1 millones de personas mayores, convirtiendo a la experiencia en el rasgo más característico de nuestro tiempo; es decir, la tercera edad está más viva y presente que nunca en la vida cotidiana. Un dato curioso, es que los abuelos actuales rompen con los viejos estereotipos; los vemos activos en las plazas, llenando de alegría los centros comunitarios, aprendiendo nuevas tecnologías, demostrando que acumular años es sinónimo de acumular vitalidad.
