*Alejandra C.L.*

Se cuenta que durante la noche en la que el Año Viejo se desvanece y da origen al Año Nuevo, pueden llegar a abrirse portales, escuchar algunas voces místicas o incluso pueden suceder cosas extraordinarias si uno presta atención. Historias que se escuchan en México como parte de la magia que envuelve al país y una de estas se llega a contar por estas fechas en el municipio de Temascalcingo, al norte del Estado de México.
Cuando era niña, una de las historias que más me contaban era la leyenda del Cerro de la Campana que se encuentra en este municipio, a 30 minutos de la Cabecera Municipal y durante la noche de Año Nuevo se puede escuchar como retumba una campana en su interior, cómo si diera la bienvenida al nuevo ciclo.
Se dice que hace muchos años, en la época prehispánica, se hallaba una pirámide. Con el tiempo, debido a la conquista, fue abandonada, pero se construyó una iglesia en su base como se acostumbraba anteriormente. Los lugareños cuentan que al momento de subir la campana, que estaba hecha de oro, por el cerro hacia la iglesia, ésta comenzó a sentirse más y más pesada.
Debido a ello, los pobladores intentaron subirla por medio de diferentes carros y lazos, pero al llegar a la iglesia, la campana repentinamente se hundió en el suelo de tan pesada que ya estaba. Al ver aquello, los que se encontraban en el lugar, creyeron que el cerro estaba custodiado por el diablo y pararon las labores, por lo que la iglesia fue abandonada.
Sin embargo, a partir de ese momento, en cada fecha importante del pueblo, alrededor de la medianoche y tres de la madrugada, puede escucharse el repicar de una campana, como si llamara a misa, sin embargo, lo más inquietante es que durante el lapso del 31 de diciembre al 1 de enero toca las doce campanadas, como si diera la bienvenida al año nuevo.
Los lugareños no están seguros de quién o qué toca la campana, sin embargo, debido al aura que envuelve al cerro por ser anteriormente un antiguo centro de adoración para un pueblo prehispánico, nadie se atreve a averiguar que hay en el que se le ha denominado también “Cerro de la Campana” o “Monigote de la Campana”.
