*Gaby L.C*

¿Sabías que entre las sinuosas curvas y la densa neblina que caracterizan a la vieja carretera entre Toluca e Ixtapan de la Sal, se esconde uno de las leyendas más aterradoras del folclor del Estado de México? Se trata del mito del “Autobús Fantasma” con número económico 40: un relato que ha pasado de generación en generación y que tendría su origen en un trágico accidente ocurrido en la década de los ochenta. Según cuentan, una unidad de pasajeros nocturno–quienes abordaron sin imaginar que jamás llegarían a su destino- se quedó sin frenos y al intentar descender por una zona de peligrosos, la unidad cayó al vacío y se incendió, cobrando la vida de todos sus ocupantes.
A partir de ese fatídico accidente, el tramo carretero se convirtió en el escenario donde automovilistas y lugareños han reportado apariciones inexplicables a altas horas de la madrugada. Se dice que, debido a que muchas de las víctimas iban durmiendo, no habrían comprendido lo sucedió y sus almas se habrían quedado en pena en dicha zona, lleva de avenidas estrechas y pronunciadas curvas. El viaje era con detenido a la ciudad de Toluca.
La leyenda cuenta que, los viajeros –la mayoría solitarios- aseguran que, pasadas las doce de la noche, observan un autobús antiguo limpio y bien cuidado que se detiene ante las personas que esperan transporte a la orilla del camino. Sin embargo, al subir los pasajeros se topan con una atmósfera extraña: relatan que el aire dentro de la unidad es sumamente gélido y reina un silencio, interrumpido únicamente por el motor, mientras que el resto de los viajeros permanecen completamente rígidos y con la mirada fija hacia el frente.
Pero el verdadero peligro el viaje no es que te hayas subido, sino que ocurre momentos antes de llegar a la Terminal de la Ciudad de Toluca, cuando el conductor detiene la marcha en medio de la oscuridad y se dirige al único usuario vivo con una orden. Le exige bajar del vehículo de inmediato y le advierte, que camine recto y bajo ninguna circunstancia voltee hacia atrás si valora su vida. Aquellos que obedecen y caminan en línea recta logran escuchar cómo de nuevo el motor avanza y se pierde, salvando su vida.
Sin embargo, le leyenda resalta que los desafortunados que ceden y miran hacia atrás sufren un destino fatal. Aseguran que no ven un autobús normal, sino el esqueleto de metal carbonizado y destruido de la unidad original, repleto de fantasmales de las víctimas del accidente de hace décadas. Pero lo más horrible, que se cree que quien se subió y volteó a ver a la unidad, se enferman de gravedad a los pocos días, falleciendo poco después, convirtiéndose en un nuevo pasajero en ese eterno viaje sin retorno.
Un relato popular de San Miguel Laderas narra la experiencia de Jacinto, un comerciante que abordó un autobús a la una de la mañana tras quedarse sin transporte. Al subir, pagó su pasaje en efectivo. El chofer le entregó un boleto. Asustado, acató de inmediato la orden del chofer de descender antes de la última curva. Al revisar sus bolsillos a la mañana siguiente, el boleto se había convertido en un pedazo de papel quemado cubierto de cenizas.
Otros testimonios como los operadores de la línea Flecha Roja, aseguran que al pasar por dicha zona –muchos la evitan- durante la madrugada con neblina o lluvia, han visto a un camión antiguo pegado a su defensa trasera. Lo aterrador dicen que es, cuando intentan cederle el paso, desaparece por completo en los desfiladeros donde no hay caminos.
Asó que, si por casualidad algún día viajas a Ixtapan de la Sal y de regreso tu auto no funciona, no te arriesgues, si es de noche, a subirte a un autobús, quizá sea el número 40. Si es así, sólo obedece las instrucciones del chofer y de ese modo podrás contarlo, de lo contrario serás condenado a viajar por esa ruta en ese autobús por la eternidad.
