*Alejandra C.L.*

Llegó octubre y con ello una de las épocas favoritas para muchos fanáticos del terror, ya que las calles, las tiendas e incluso algunas casas se adornan de colores que recuerdan a los monstruos que nos aterraron durante nuestra infancia e incluso en algunos hogares se hacen reuniones para contarse historias terroríficas o ver películas de miedo, ¿pero de dónde viene esta idea de disfrutar el terror aun cuando se nos acelera el corazón y se nos pone la piel de gallina?
De acuerdo con algunos estudiosos, la principal razón es porque se suscitan muchos cambios fisiológicos en lo que se escuchan, leen o ven películas de terror, como la descarga de adrenalina, además de que ayuda a darnos un panorama de cómo afrontar situaciones difíciles y poder adaptarse a estas.
Algunos más señalan que responde a estas emociones primarias que tenemos como humanos de lucha o huida ante una imagen que nos causa tensión y cuando nos damos cuenta que estamos a salvo, la carga de estrés que se liberó se transforma en una sensación profunda de alivio y euforia, motivo por el que también se cree que puede representar una liberación de emociones reprimidas.
Es decir, al exponernos voluntariamente al miedo, viendo una película de terror, escuchando una historia espeluznante, el cerebro libera adrenalina y dopamina, como una mezcla de tensión y placer. Una vez que termina el susto, el cuerpo vuelve a su estado natural y libera endorfinas, causando una sensación de alivio, risa o bienestar.
También nos permiten conectar emocionalmente con otros, ya que al compartir una experiencia aterradora, ya sea vivencial o ficticia, genera vínculos, empatía y humor, es por eso, que algunas historias siguen perdurando a través de los tiempos. También ayuda a normalizarlo y reconocer como se siente el cuerpo, que lo detona y como reaccionamos ante él.
