San Judas Tadeo y el impacto de su devoción en México

*Alejandra C.L.*

Foto: Especial

Uno de los días de fiesta más esperados por los mexicanos antes del Día de Muertos es el onomástico de San Judas Tadeo, que se celebra cada 28 de octubre no solo como una figura religiosa, sino que también ha trascendido para convertirse en un fenómeno histórico y social, al punto que se ha relacionado con los barrios.

Si bien los festejos se realizan a nivel nacional, donde los fieles acuden a las capillas o hacen fiestas en los altares donde colocan a esta figura religiosa, en la Ciudad de México hay una especial devoción por este santo conocido como patrono de las causas difíciles y desesperadas. Durante los festejos, hay gente que va cargando a su “San Juditas” como suelen llamarlo, otros más se visten de él y algunos se los llevan en la espalda como especie de manda, ya sea para pedir un favor o agradecer un milagro atribuido a este santo.

¿Pero de dónde viene la fe a este santo que según textos bíblicos fue uno de los 12 apóstoles de Jesús? De acuerdo con algunos archivos, esta devoción comenzó a crecer a mediados del siglo XX, cuando se trajo una imagen del santo desde Barcelona, España y se instaló en la iglesia de San Hipólito y San Casiano, situado en el cruce de Paseo de la Reforma y avenida Hidalgo, en la Ciudad de México, además de que al santo se le empezó a conocer como aquel que intercede ante Dios en momentos de angustia, enfermedad, problemas familiares o dificultades económicas.

Por ello, comenzó a tener cierta popularidad en el país, sobre todo ante las adversidades  que se enfrentan miles de mexicanos día a día, quienes con motivo de agradecimiento a los favores que se les realizó gracias a su intercesión, acuden a las capillas, siendo la iglesia de San Hipólito donde se reciben a más visitantes, provenientes incluso de varias entidades.

Cabe mencionar que aparte de la fecha oficial, también existe la costumbre de visitarlo el 28 de cada mes, también como una manera de agradecerle los favores recibidos o encomendarle también situaciones personales o familiares.

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