*Eréndira Zavala C.*

Alrededor del mundo existen culturas que, desde sus propias creencias, celebran la muerte con rituales que sorprenden por su significado, colorido y originalidad.
Por ejemplo, en Irlanda, desde tiempos antiguos, se celebra el Samhain, fiesta celta que marcaba el final de la cosecha y la llegada del invierno, la temporada oscura del año. La creencia es que las almas regresan a sus hogares y para protegerse de espíritus malignos, se encienden fogatas y utilizan máscaras y disfraces para confundirlos. Esta celebración es considerada el antecedente del Halloween estadounidense con sus tradicionales recorridos de dulce o truco, disfraces, casas encantadas, historias de terror y personajes sobrenaturales.
En Haití, el Fet Gede, o Día de Todas las Almas, reúne a las personas en los cementerios vestidos de rojo y negro, colores que asocian con los espíritus, mientras realizan ceremonias en las que ofrecen café, ron, pan, cacahuates y maíz al pie de las cruces. En el festival Ching Ming, en China, las familias visitan las tumbas, limpian los sepulcros, colocan velas, renuevan las inscripciones, queman representaciones de dinero como símbolo de prosperidad y realizan oraciones. Además, colocan ramitas de sauce en las puertas de las casas que representan luz y protección frente a la oscuridad.
Igualmente, en Tailandia, el Phi Ta Khon transforma las calles en un escenario de música, máscaras y coloridas procesiones. Los jóvenes se disfrazan de espíritus y fantasmas para hacer bromas a los habitantes, en tanto los monjes recitan relatos relacionados con la última reencarnación de Buda. En Ghana, elaboran ataúdes personalizados con formas que representan la vida, profesión o gustos del fallecido: desde una avioneta para un piloto hasta un pez para alguien dedicado a la pesca o una botella de refresco para quien disfrutaba de esa bebida.
Asimismo, en Madagascar, los malagasi practican la Famadihana (el retorno de los muertos), donde las familias desentierran los restos de sus antepasados, los envuelven en telas nuevas y los llevan en procesión, y comparten alimentos y recuerdos, con el propósito de mantener vivo el vínculo familiar y transmitir a las nuevas generaciones la memoria de quienes les precedieron. En la región de Tana Toraja, en Indonesia, se cree que la muerte es un viaje hacia el Puya, tierra de las almas, y que el difunto requiere una despedida digna, por lo que conservan los cuerpos momificados durante meses o incluso años, ofreciéndoles alimentos y bebidas mientras reúnen los recursos necesarios para organizar una gran ceremonia donde se canta, baila, comparten alimentos y sacrifican animales, culminando con una procesión hasta el cementerio.
Aunque estas celebraciones son distintas entre sí, todas revelan la necesidad de recordar, honrar y mantener presentes a quienes ya no están. Al final, cada cultura ha encontrado su propia manera de mirar y convivir con la muerte como una forma de celebrar la vida.
