*Eréndira Zavala C.*

Frente al puerto de Veracruz hay un lugar lleno de historia, una fortaleza, prisión y escenario de algunos de los acontecimientos más importantes de México: San Juan de Ulúa, un monumento histórico y emblemático considerado como uno de los mejores ejemplos de ingeniería militar de la época.
El islote de Tecpan Tlayácac donde hubo un adoratorio al dios Tezcatiploca fue visto por los españoles durante las primeras expediciones del siglo XVI y luego convertido en un punto fundamental para la comunicación entre la Nueva España y Europa y el encuentro de dos culturas. Durante cientos de años por ahí entraron y salieron mercancías, viajeros, noticias y riquezas, el puerto de Veracruz era una de las puertas principales del territorio novohispano y su protección era una necesidad.
De esta manera desde 1535 comenzó un largo proceso de construcción y ampliación de defensas que dio a San Juan de Ulúa gruesos muros, baluartes y espacios fortificados, aunque también fue testigo de ataques, conflictos e invasiones por su posición estratégica frente al Golfo de México.
Después de la Independencia, permaneció durante un tiempo como uno de los últimos puntos controlados por las fuerzas españolas. Luego, fue convertido en una de las prisiones más temidas del país, con sus húmedos muros y celdas, donde estuvieron personajes políticos y hombres y mujeres cuyos nombres se perdieron con el tiempo.
A su alrededor surgieron relatos y leyendas, una de las más conocidas en la de Chucho el Roto, Jesús Arriaga Zamora, un personaje convertido por el imaginario popular en una especie de Robin Hood que robaba a los ricos para ayudar a los pobres; o la Mulata de Córdoba, una mestiza de belleza extraordinarias y apariencia eternamente joven conocida por sus habilidades curativas con hierbas acusada falsamente de brujería y que desapareció misteriosamente de su celda.
Hoy San Juan de Ulúa es un museo y un punto turístico donde se contemplan el mar, el puerto de Veracruz, los barcos que continúan llegando y se recorren los pasillos y celdas imaginando lo que en ellos pasó. Un viejo guardián de la historia mexicana
