Entre la charlatanería y los remedios mágicos: el origen de los melóricos en México

*Alejandra C.L.*

Foto: Especial

Una de las figuras que sin duda se identifica en el folclor mexicano es la del llamado melórico, aquella persona que se coloca en una plazoleta, calle o tianguis de algún pueblo o de la ciudad, y empieza a anunciar remedios milagrosos, medicinas, pomadas con la promesa de que la gente se curará fácilmente, además de que utilizan discursos largos, exagerados y muy persuasivos.

No obstante, también han sido calificados como charlatanes, ya sea por el correr de  voces entre la gente que llega a decir en una conversación si el remedio también le funciónó, aunque también se derive del origen de la palabra en sí, la cual también tiene que ver cómo llegó este oficio a México que perdura a través de los siglos.

De acuerdo con algunos archivos históricos, a finales del siglo XIX llegó un médico extranjero a la Ciudad de México, llamado Juan Rafael de Meraulyock, quien aseguraba ser un prominente médico y tener entre sus pertenencias bálsamos  que curaban todos los padecimientos conocidos, cuyos frascos eran vendidos a tres pesos de la época. Como a la gente se le hacía complicado pronunciar su apellido, comenzaron a llamarlo “merólico”.

Los bálsamos, aseguraba, se trataban de menjurjes que nunca se habían visto por estas tierras, por lo que para venderlas, se presentaba con una larga túnica entre griega y oriental. Además de su show habitual de vendedor de pócimas mágicas, decía que había estado en otros países de  Sudámerica y que podía sacar más cuatro mil piezas de dientes en quince días.

Debido a las presentaciones exageradas, se empezó a ganar la antipatía del gremio de doctores y dentistas, pero también tuvo seguidores y aumentó su popularidad cuando comenzó a prometer en cada presentación que él mismo se atravesaría con espadas a cuello para comprobar que sus remedios funcionaban, sin dejar cicatrices.

Con el tiempo, al ver que el acto nunca ocurría, la gente también comenzó a desconfiar de él, hasta que ya no se le volvió a ver en las plazas, sin embargo, el término “melórico” se quedó como una palabra mexicana para nombrar a la gente que habla mucho y actúa poco, así como a aquellos que se dedican a la venta de pócimas milagrosas en las calles de México.

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