*Fernanda Rodríguez*

Con la llegada de noviembre, la llama de una vela no es solo un adorno o un destello en la penumbra; es un faro de devoción, una guía luminosa trazada para que los seres queridos encuentren el camino de regreso a casa.
Justo en ese punto donde la memoria abrazadora se vuelve tradición, nace Alora Velas y Aroma, un proyecto familiar que plasma cariño, cera de soya y el ancestral talento alfarero de Metepec en piezas creadas para iluminar los altares de nuestras familias.
La historia de este emprendimiento comenzó hace aproximadamente un año, guiada por la sensibilidad y el sueño de Rocío Lujano y de su esposo Jorge Gómez. Su profundo gusto por el cálido ambiente que generan las velas la llevó a imaginar una propuesta propia, con sello humano y sentido de pertenencia.
A ella siempre le gustaron las velas y, pensando en lo que podían dedicarse emprendieron un negocio de velas artesanales, después de haber tomado un curso y de ver tutoriales en YouTube y fue prueba y error hasta que encontraron su nicho de mercado. Desde sus primeros pasos, la pareja decidió alejarse de los procesos industriales y de los derivados del petróleo para apostar por materiales nobles como la cera de soya.

Sin embargo, su verdadero valor radica en la paciencia y el respeto al oficio: cada vela reposa y se cura durante al menos una semana antes de comercializarse, permitiendo que la fragancia se selle íntimamente con la cera para durar hasta el último destello.
El nombre Alora fue elegido para evocar la luz divina, un propósito que sus creadores depositan con intención en cada mezcla de pigmentos y esencias. En su taller, hacer una vela va mucho más allá de un proceso decorativo; es moldear un canal de consuelo y calidez espiritual.
Esta mística alcanza su máxima expresión durante el Día de Muertos. “Estamos muy orgullosos de que en muchos hogares ya haya velas decorativas en los altares. Más que una tradición, es una creencia de la gente. Yo realmente creo que sí vienen a visitarnos, entonces que nuestras velas estén ahí significa mucho” comparte emocionado el Jorge Gómez.

Para rendir honor a estos días sagrados, Alora presenta una emblemática colección de temporada compuesta por cempasúchil tallado, calaveritas de cera que rememoran el dulce alfeñique tradicional, elementos de papel picado y simpáticas calabazas otoñales, envueltas en aromas como pay de calabaza y cempasúchil.
Estas creaciones conviven armónicamente con sus esencias habituales de verbena y bergamota, canela, romero con naranja, y la entrañable presentación con aroma a café. Alora mantiene un vínculo indivisible con las manos artesanas de Metepec, vistiendo recipientes de barro y cerámica con motivos del Árbol de la Vida, colibríes, mariposas y flores.
A esta riqueza cultural se suman sus arreglos florales con aroma a buganvilia, diseñados con delicadas velas individuales que pueden encenderse de forma independiente en un recipiente seguro y, como un afectuoso complemento para las primeras fechas de la festividad, figurillas de cera personalizables en forma de perritos y gatitos, pensadas para aquellos hogares que también reservan un rincón en la ofrenda para recordar a sus fieles compañeros de cuatro patitas.
Alora Velas y Aroma ha conquistado a sus clientes de Metepec, Toluca, Zinacantepec y San Ángel, en la Ciudad de México. De cara al cierre de año, buscan afianzar un espacio fijo en los Portales de Toluca durante octubre, noviembre y diciembre, respondiendo al deseo de sus compradores de contar con un punto de reunión permanente.

Las familias interesadas en vestir sus altares con luz artesanal o consultar su catálogo completo pueden encontrarlos en Facebook e Instagram bajo el usuario Alora Velas y Aroma. Así, entre cera, aroma y tradición, cada pieza que sale de su taller lleva consigo el propósito de transformar una simple llama en un abrazo eterno para quienes nunca dejamos de recordar.
