*Gaby L.C*

La ciudad de Toluca se transforma en un epicentro de misticismo y arte popular que ahora entra en su fase más emotiva y trascendental: la última semana de su Feria y Festival Cultural del Alfeñique. Las calles del centro histórico se inundan de un aroma dulzón que evoca la nostalgia de tiempos prehispánicos y virreinales, fusionando dos visiones del mundo en una sola manifestación estética. En este rincón mexiquense, la muerte pierde su solemnidad para convertirse en una aliada de la memoria, recordándonos que la línea entre la vida y el más allá es tan frágil y sutil como el propio azúcar que da forma a la celebración.
Es por ello que, el corazón latente de esta festividad reside bajo los centenarios arcos de Los Portales, donde los artesanos viven sus días de mayor fervor ante la inminente llegada del Día de Muertos. Este espacio arquitectónico, que por un mes se convierte en una galería viva de arte gastronómico, vibra ahora con el bullicio de las familias que buscan las últimas piezas para sus altares domésticos. Los maestros alfeñiqueros, guardianes de una técnica heredada por generaciones, despliegan a marchas forzadas una deslumbrante variedad de calaveritas y figuras de pasta de azúcar, en un diálogo silencioso entre la destreza del creador y el asombro del visitante de último momento.
Detrás de cada figura de azúcar que adorna los Portales de Toluca, se esconde el trabajo silencioso y apasionado de familias enteras de artesanos mexiquenses. Para estos maestros dulceros, la recta final de la temporada no solo representa el cierre de sus ventas, sino la culminación de meses enteros de planeación y un esfuerzo físico que comenzó a principios de año. Son las últimas jornadas para que el público reconozca y adquiera el fruto de una devoción familiar que se hereda de generación en generación.


Por ello, el valor real de las calaveritas, los borreguitos y las miniaturas de azúcar radica en las manos que las moldean minuciosamente una por una. Los artesanos defienden con orgullo el uso de la técnica tradicional a base de azúcar fina, limón y chautle, rechazando los procesos industriales para garantizar que cada pieza conserve su esencia mística. En estos días, los maestros dulceros invitan a los visitantes a observar los detalles del glaseado hecho a mano, recordando que detrás de un precio accesible hay horas de destreza y paciencia infinita.
La cuenta regresiva ha comenzado y las luces de los puestos pronto habrán de apagarse, por lo que este es el momento idóneo para adentrarse en el corazón de Toluca. Quedan pocos días para recorrer Los Portales, escuchar las historias de viva voz de los artesanos y apoyar el comercio local que sostiene el patrimonio cultural de nuestra región. No dejes pasar la oportunidad de vivir esta recta final, de dejarte cautivar por el ingenio de sus manos y de llevar a casa un pedazo de esta dulce tradición que nos recuerda que la memoria es el único vehículo capaz de vencer al olvido.
Visitar la feria antes de que baje el telón es un acto de solidaridad y admiración hacia el corazón del alfeñique: sus creadores. Al comprar las últimas artesanías, los asistentes se convierten en cómplices de la supervivencia de este oficio ancestral frente a los desafíos de los mercados modernos. Los artesanos de Toluca están listos para entregar sus últimas creaciones, despidiéndose de la temporada con la satisfacción de haber endulzado, un año más, el camino de los vivos y de los muertos.
