*Eréndira Zavala C*

El domingo jugó México y millones de personas se pusieron la camiseta, se reunieron con la familia o los amigos para compartir la emoción de ver el partido. Algunos prepararon botanas, otros encendieron el asador y seguramente todos levantaron sus vasos para brindar por cada gol; así, tal cual como nuestros antepasados celebraban alrededor de una bebida.
Pues en México, las bebidas tradicionales son más que solo un acompañamiento para la comida; son parte de la identidad y han estado presentes en ceremonias religiosas, fiestas, mercados, cosechas, reuniones familiares y celebraciones populares.
El maíz, considerado sagrado en las culturas mesoamericanas, originó algunas de las bebidas más antiguas, como el pozol en el sureste, preparado con maíz nixtamalizado y cacao, o el tejuino de Jalisco, una bebida fermentada fría acompañada de limón, sal o una bola de nieve. Ambos conviven hoy día en ferias, plazas y fiestas mostrando su sobrevivencia cuando forman parte de la vida diaria.
Del maguey surgieron el aguamiel y de éste nació el pulque, una bebida que en tiempos prehispánicos se reservaba solamente para gobernantes, sacerdotes y guerreros, ligada a la deidad Mayahuel. Con la llegada de los españoles se convirtió en una bebida popular y consumida por todos, como ahora, que es usado en la gastronomía mexicana y en la cocina contemporánea.
El tepache es otra bebida que ha resistido el paso del tiempo, elaborado con piña fermentada y piloncillo, usado en los rituales prehispánicos, es ahora un refresco popular encontrado en mercados, plazas y parques de casi todo el país.
Por otro lado, y aunque no es una bebida originaria de México, la cerveza forma parte de nuestras costumbres y celebraciones desde hace más de un siglo, cuando inmigrantes alemanes, austriacos y suizos desarrollaron esta industria. Hoy en cualquier celebración mexicana la cerveza se encuentra presente como símbolo de convivencia, considerándola una tradición cultural contemporánea representada en la cerveza artesanal elaborada con ingredientes locales como cacao, vainilla, café, chile o agave.
Lo increíble de estas bebidas, además de su sabor, es que cada una de ellas habla del ingenio y de los conocimientos transmitidos de generación en generación. No compiten entre sí, reflejan la diversidad cultural de un país que ha conservado sus raíces e incorporado nuevas costumbres, celebrando y brindando entre nosotros.
